Los seres humanos somos seres curiosos: nos fascina indagar, razonar, definir, comentar, cambiar, establecer leyes, crear nuevas... En fin, todo aquello que se relacione con el conocimiento del mundo que lo rodea.
Hablando en ese sentido, nos hemos empeñado por conocer el origen del lenguaje. Muchos han sido los estudios que sobre este tema se han hecho, pero la verdad es que aún no lo sabemos con exactitud.
Acompañado del lenguaje y de sus múltiples interpretaciones, aparece el signo como ese elemento imprescindible para poder entender la función comunicativa del lenguaje.
Mucho se ha debatido a lo largo de la historia sobre el concepto correcto con el que debemos nombrar a la "ciencia del estudio de los signos".
Aparecen (faltaba menos) las teorías de los americanos y los europeos. Ya es conocida su acostumbrada manera de contradecirse los unos a los otros, y en el caso de la ciencia, no podía esperarse menos.
Los americanos, comandados por Charles Sanders Peirce, establecen la llamada "Semiótica" como una ciencia con mayor rigor científico, y vinculada con otros sistemas de comunicación como los objetos, las imágenes y los comportamientos. Considera que lo más importante es el estudio de las propiedades de los signos, así como su origen o formación. Aparecen aquí signo, objeto e intérprete.
Por otro lado, tenemos la llamada "Semiología", gracias a Ferdinand de Saussure. La semiología es una ciencia relativamente joven, y está más vinculada con los estudios literarios. Podemos decir que es una ciencia social, de carácter humano, ya que se encarga de estudiar "la vida de los signos en el seno de la vida social". Su rama más importante es la linguística: centra sus estudios en el funcionamiento de los signos.
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La verdad es que aún no se ha logrado llegar a un consenso sobre la verdadera razón de ser de la semiótica (para quienes prefieren la concepción americana) o semiología (para los europeos).
Resulta difícil establecer los límites de una ciencia que se ocupa de estudiar los signos presentes en todos los ámbitos de la vida. Creo que seguiremos siendo protagonistas del debate que se libra en torno a la ciencia de los signos.
Sólo queda reconocer que los signos deben ser estudiados, de una u otra forma: el significado que cada uno de ellos encierra debe ser conocido e interpretado, para que la comunicación pueda funcionar como debe.
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